Como la india del Motel nos había advertido por la noche que “small price, small breaksfast” y ya estamos en exceso americanizados, decidimos que una buena intoxicación de azúcar en nuestro desayuno iba a ser la mejor opción. Increíbles handmade pies (para los de la Logse, tartas caseras), si amigos, supertartas como todo lo que hacen aquí. Un bote entero de mermelada entre dos “cachazos” de galleta o un merengue de plátano mas grande que el Bernabeu.
Bien llenitos nos dirigimos a Sellingman. Según nuestra guía empieza la parte mas turística de la ruta, paisajes y fotos de nuestro imaginario popular nos llevan a un pueblo donde prácticamente enloquecemos con los regalos (no os frotéis mucho las manos, son todos para nosotros!). Tal y como nos dice Ángel Delgadillo (de ese si tenemos foto) “A la hora exacta en la que la autopista nos esquivó, a las 14, el mundo nos olvidó. La situación regreso a la normalidad diez años mas tarde...¡cuando uno ve su ciudad morirse sin que nadie se preocupe por su suerte, ya no hay motivos para levantarse por la mañana!”.
Este gran personaje era el peluquero del pueblo que decidió dar un giro a la suerte de su ciudad, convirtiendo Sellingman en escaparate típico de objetos de recuerdo y baratijas. Por la calle se mezcla la nostalgia con las cámaras de fotos.
Ya en ruta nos encontramos con Peach Spring (para los de la Logse melocotón de primavera...sin mas), un pueblo con vistas lejanas al Cañón del Colorado, y, como no puede ser de otra manera, al ver un cartel de que a partir de ese momento se necesitaba permiso para bajar a la reserva india de Hualapai, nosotros, mas chulo que ocho, bajamos. Medio flipando con las vistas y sin saber muy bien hacia donde íbamos, cuando ya estábamos a punto de dar media vuelta, nos encontramos con el guarda forestal de la reserva. Después de responder alguna de nuestras curiosidades (no amigos, no viven indios con plumas en el Cañón), nos invitó a seguir le hasta la orilla del río Colorado, aunque nos advirtió que la semana anterior, tras las lluvias, el río se había desbordado y tenía tramos del camino de acceso dificultoso. 9 millas de dudas sobre si nuestro supercoche aguantaría tanta roca nos llevaron a un paraje AWESOME (hermosisíííííííííííísimo!!!!!!) donde, sin nosotros esperarnos lo, pusimos los pies en el el Río Colorado. Desde ese momento, somos fans de nuestro amigo “El Indio” (se nos olvidó preguntarle si tenía nombre).
Con los pies fresquitos, volvemos otra vez a la carretera y, como ya es habitual, pasamos por mil pueblos medio abandonados que te transportan a otra época. A punto del desmayo por el hambre, casi nos pasamos la ultima gasolinera de nuestro viaje por la ruta. Burros (¿?), armazones de coches y chatarra bien colocada, crean un pintoresco paisaje que nos sirve para despedirnos, a nuestra manera, de la “Main Street of America”.
Entramos en Kingman y lo único que buscábamos era algún sitio donde llenar el buche. Entrecot, costillas, patatas, judías pintas y medio cacho de lechuga, en un restaurante de cowboys nos deja ciertas dudas de como vamos a pasar la noche. Aquí hicimos dos “grandes”amigos, a Alberto le pidieron en el baño masculino ayuda para hacerse el nudo de la corbata y a las chicas un amable dependiente, bastante entrado en edad de la farmacia, les pidió su dirección para intercambiarse postales.
Motel barato, buds fresquitas y peli de Cars nos preparan para la siguiente parada: Las Vegas.
Hemos estado dos dias sin leer ni ver las fotos
ResponderEliminarpero creo que lo del cañon es sin palabras me alegro que tengais la suerte de vivirlo
Sois unos andobas ( sois la caña para los de la Logse), entre los manzanazos y lo del maletero no lo supera ni Mr. bean, los Yankys os van a poner como atracion de la ruta, y los indios deben de flipar.
ResponderEliminarBesos y continuar con la historia que engancha.
El cañon debe de ser una pasada
que guay todo!
ResponderEliminarYa me podeis pasar vuestras recomendaciones y sitios de tartas caseras!!!
Besotes Americanos
Que tal con el English???