7.31.2011

DIA 12: WILLIAMS – KINGMAN: GOODBYE ROUTE 66

Como la india del Motel nos había advertido por la noche que “small price, small breaksfast” y ya estamos en exceso americanizados, decidimos que una buena intoxicación de azúcar en nuestro desayuno iba a ser la mejor opción. Increíbles handmade pies (para los de la Logse, tartas caseras), si amigos, supertartas como todo lo que hacen aquí. Un bote entero de mermelada entre dos “cachazos” de galleta o un merengue de plátano mas grande que el Bernabeu.
Bien llenitos nos dirigimos a Sellingman. Según nuestra guía empieza la parte mas turística de la ruta, paisajes y fotos de nuestro imaginario popular nos llevan a un pueblo donde prácticamente enloquecemos con los regalos (no os frotéis mucho las manos, son todos para nosotros!). Tal y como nos dice Ángel Delgadillo (de ese si tenemos foto) “A la hora exacta en la que la autopista nos esquivó, a las 14, el mundo nos olvidó. La situación regreso a la normalidad diez años mas tarde...¡cuando uno ve su ciudad morirse sin que nadie se preocupe por su suerte, ya no hay motivos para levantarse por la mañana!”.
Este gran personaje era el peluquero del pueblo que decidió dar un giro a la suerte de su ciudad, convirtiendo Sellingman en escaparate típico de objetos de recuerdo y baratijas. Por la calle se mezcla la nostalgia con las cámaras de fotos.
Ya en ruta nos encontramos con Peach Spring (para los de la Logse melocotón de primavera...sin mas), un pueblo con vistas lejanas al Cañón del Colorado, y, como no puede ser de otra manera, al ver un cartel de que a partir de ese momento se necesitaba permiso para bajar a la reserva india de Hualapai, nosotros, mas chulo que ocho, bajamos. Medio flipando con las vistas y sin saber muy bien hacia donde íbamos, cuando ya estábamos a punto de dar media vuelta, nos encontramos con el guarda forestal de la reserva. Después de responder alguna de nuestras curiosidades (no amigos, no viven indios con plumas en el Cañón), nos invitó a seguir le hasta la orilla del río Colorado, aunque nos advirtió que la semana anterior, tras las lluvias, el río se había desbordado y tenía tramos del camino de acceso dificultoso. 9 millas de dudas sobre si nuestro supercoche aguantaría tanta roca nos llevaron a un paraje AWESOME (hermosisíííííííííííísimo!!!!!!) donde, sin nosotros esperarnos lo, pusimos los pies en el el Río Colorado. Desde ese momento, somos fans de nuestro amigo “El Indio” (se nos olvidó preguntarle si tenía nombre).
Con los pies fresquitos, volvemos otra vez a la carretera y, como ya es habitual, pasamos por mil pueblos medio abandonados que te transportan a otra época. A punto del desmayo por el hambre, casi nos pasamos la ultima gasolinera de nuestro viaje por la ruta. Burros (¿?), armazones de coches y chatarra bien colocada, crean un pintoresco paisaje que nos sirve para despedirnos, a nuestra manera, de la “Main Street of America”.
Entramos en Kingman y lo único que buscábamos era algún sitio donde llenar el buche. Entrecot, costillas, patatas, judías pintas y medio cacho de lechuga, en un restaurante de cowboys nos deja ciertas dudas de como vamos a pasar la noche. Aquí hicimos dos “grandes”amigos, a Alberto le pidieron en el baño masculino ayuda para hacerse el nudo de la corbata y a las chicas un amable dependiente, bastante entrado en edad de la farmacia, les pidió su dirección para intercambiarse postales.
Motel barato, buds fresquitas y peli de Cars nos preparan para la siguiente parada: Las Vegas.
























DIA 11: HOLBROOK – GRAN CAÑON - WILLIAMS: ATARDECER EN EL GRAN CAÑON

Despertarse en un “tipi” indio hace que sea un despertar especial y más teniendo en cuenta que para desayunar tenemos las 4 raciones de fruta que cogimos el día anterior en lugar de los 2 kg de grasa habitual en forma de tortitas y tartas.

Con todo listo y dos cafes americanos para llevar que pillamos en un curioso café de Holbrook (muy graciosetes estos yankis) nos ponemos en marcha en uno de los días especiales del viaje ya que hoy visitamos el gran cañon del colorado.

Puestos en ruta, como cada día pasamos por los ya habituales pueblos de la ruta como Joseph City, Jackrabbit y Winslow donde paramos a visitar una estatua en una esquina dedicada a la canción de los Eagles “Take it easy” junto a una tienda de Souvenirs donde comenzaron las adquisiciones de regalitos y recuerdos de la ruta.

Continuamos dirección al Gran Cañon parando en curiosos puntos como “Meteor City” donde está el mural más grande de la ruta 66 pintado en una pared, “Twin Arrows” cuyo único atractivo es una gasolinera ya abandonada con dos enormes flechas clavadas en el suelo, hasta llegar a Flagstaff, encantador pueblo desde donde te desvías para visitar el Gran Cañon. Tras pararnos en la oficina de información y turismo y coger unos cuantos mapas del Cañon, repostamos con 4 hamburguesas 100% caseras y, ahora si, pusimos nuestras ruedas y pies hacia la maravilla de la naturaleza a ver la magnifica puesta de sol en uno de los sitios más increíbles que hayamos estado.

Un poco despistados al principio ya que justo antes de entrar al parque hay como una mini ciudad comercial con hoteles y todo tipo de restaurantes de comida rápida decidimos únicamente pasar la tarde en el parque y ver la puesta de sol. 25$ por coche como pase para 7 días y un mapita de los miradores desde los que admirar el paisaje. Tras varios GUAU!! paramos definitivamente en “Lipan Point”, las cámaras listas (super 8, cámara de fotos 1, cámara de fotos 2, camara de video... y porque no teníamos más), 4 Bud fresquísimas, 4 cigarritos perfectos y el sol despidiéndose de nosotros por el horizonte cortado por infinitos picos, disfrutamos durante 1 hora del asombroso paisaje con su hermosa puesta de sol. No sabríamos describirlo con simples palabras! Hay que vivirlo!!

Extasiados y satisfechos nos vamos dirección a Williams a dormir en “Route 66 Inn” regentado por una muy, pero que muy curiosa india (no hicimos fotos por las posibles repercusiones en nuestras personas) la cual dijo hacernos un “good price” por pasar la noche. Una aventura en verdad dormir en este hotel, pero con el cuerpo cansado y saciado de Bud solo quedaba zzzzzzz.....
















7.29.2011

DIA 10: ALBURQUERQUE – HOLBROOK: RIDERS OF THE STORMS

Amaneció el día caluroso en Alburquerque. Después de once largas y apasionantes jornadas la ropa limpia escasea, asi que ha que hacer un parada obligatoria en la lavandería. Mientras la ropa se lava y se seca a un módico precio desyunamos nuestros, ya típicos, pancakes con sirope de arce.
Con las maletas llenas de ropa límpia emprendemos la ruta haciendo un alto en el centro de está bonito ciudad. Es muy parecida a Santa Fe en cuanto arquitectura se refiere pero menos abarrotadda de turistas. Aqui perfectamente nos podríamos haber encontrado con el Zorro, pero nos encontramos con un indio nativo que danzaba a ritmo de flauta.
A partir de este punto y como en muchos otros, la Ruta 66 viaja paralela a la Interestatal e incluso se convierte en la propia autopista. Pasamos por pueblos como Rio Puerco, Mesita, Laguna, ... , Grants, Prewit, etc....con el paisaje como lo más destacado. Se nota que nos acercamos al Gran Cañon y las montañas se empiezan a elevar a nuestro lado. Vamos esquivando tormentas que nos escoltan a lo largo del trayecto mientras viajamos paralelos a trenes infinitos que se pierden en el horizonte.
Pasamos por Prewit, Thoreau e Iyambito hasta llegar a Gallup. Y después de tanto conducir, encontramos El Rancho Hotel, un lugar bastante peculiar con camareros que hablan nuestro idioma natal. En este hotel se alojaron personalidades como John Wayne y Errol Flynn entre otros muchos, mientras rodaban esas maravillosas películas que nos acompañan en las siestas del fin de semana. Por primera vez en todo el viaje descubrimos la FRUTA!!! las chicas disfrutaron tanto con el postre que cojimos 4 raciones para desayunar al día siguiente.
Después de la hamburguesa de turno, continuamos por Lupton, Allantown, Navajo, etc... con muchos paisaje pintorescos que dan para trillones de fotos. Bien entrada la noche llegamos a Holbrook. Allí nos esperaba una noche “especial”, porque dormimos en TEE PEES como Toro Sentado y Nalgas Pálidas.
Tras la oportunas señales de humo de nuestros cigarros y tragos de “bud”, la cama nos esperaba.













DIA 9: SANTA FE – ALBURQUERQUE: ¿DONDE ESTA MI MOCHILAAAAAAA?

 El Sol sale timido tras el encapotado cielo de Santa Fe. No hace un día espléndido en lo que al tiempo se refiere, pero caminar por el centro histórico de esta ciudad bien vale la pena aunque sea bajo la llovizna. Es una ciudad donde se encuentran varias culturas de influencia española e india con una arquitectura tipica de las ciudades coloniales mejicanas. El ambiente es muy hippy y quizás esta demasiado preparada para el turista. Turistas por todas partes, incluyéndonos nosotros, claro.
De pronto y sin mediar señal, una tormenta veraniega en forma de relámpagos, truenos y un aguacero nos “ataca” mientras repostamos en una gasolinera. Entre surtidores de gasolina y empapados hasta arriba conocemos a un pedazo de hippy bonachón que nos aconsejo de manera desinteresada de como maniobrar con los pagos de tarjeta. (Muy buena gente en Santa Fe y no podemos mostrar fotos por que entre la lluvia, el hiipy y la manguera de “chofa” no habia manos para la cámara).
Después de repostar nosotros tambien (tacos, burritos y quesadillas) y una vez cesó la tormenta cogimos el coche en dirección a Alburquerque. La bajada la hicimos por la Turquoise Trail, que no es exactamente la ruta 66, pero que pasa por pueblos muy pintorescos.
Hicimos un desvio hacia “La Bajada” un de la antigua Ruta 66 donde ahora solo quedan ranchos y vacas. En este lugar ocurrio algo curioso y en ocac¡siones estremecedor. Despúes de las pertinentes fotos arrancamos de vuelta a la carretera para seguir con la travesia, pero oh! Sorpresa, oh! Dolor, Oh! mustios collados, campos de soledad, reparamos en que estábamos conduciendo con el maletero abierto. Y si queridos mios, habíamos perdido cosas por el camino. Media vuelta rápidamente y en busca de los objetos perdidos nos cruzamos un pareja de rednecks que fliparon con nuestra preocupación:
Pregunta: ¿Han visto una maleta por el camino?
Respuesta: Ein?

Desandando nuestros pasos y para alivio de todos fuimos encontrando paulatinamente los calcetines, las zapatillas y la mochila.
Ahora es gracioso, pero os eseguro que entonces no lo fué.
Continuando despues del susto, nos topamos con un pueblo llamado Madrid. Un hippy-pueblo que respira ácido por todas partes.
Ya casi llegando a Alburquerque están las Sandía Montains. Unas montañasque cuentan con el teleférico más largo del mundo (4,3 km) y que sube a 3000 metros de altitud. Era ya demasiado tarde y la oscuridad acechaba sobre nosotros, asi que ni teleférico ni sandia ni “ná”.
Llegados a Alburquerque recorrimos una inmensa calle llena de establecimientos con neones resplandecientes. Encontramos nuestro “hogar ” en el Stardust Inn.
Una noche más, un dia más y a descansar que nos espera una kilometrada para llegar al corazón de Arizona.